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Bitácora de mujeres extrañas

$ 200 MXN


Autor: García, Esther M.
ISBN: 9781950474509
Edición: 1
Sello: Paserios Ediciones
Colección: Carilda Oliver Labra
Código: 9781950474509
Editorial: Paserios Editores

Una bitácora es una caja que guarda en sus entrañas una aguja magnética (saetilla, flecha, aguja imantada, aguja de marear). Es esta púa la que determina la dirección que habrá de seguirse. De modo que una bitácora, además de la inscripción de los días o las cosas, es también pincho, cardo. Bitácora de mujeres extrañas es entonces una colección de alfileres, de aguijones. Los poemas de Esther M. García, en todo caso, pueden considerarse objetos hechos con el filo del lenguaje: punzocortantes. Las producciones y orientaciones de sentido de este poemario, que la hiciera merecedora en 2014 del Premio Nacional de Poesía Francisco Cervantes Vidal, aparecen atravesadas por una exploración contundente y minuciosa de las diferentes violencias y sus afecciones sobre el cuerpo-animal, la familia-dentellada, la ciudad-devastación y el yo-mujer-monstruo. Esta búsqueda se verá continuada en sus siguientes dos poemarios: Mamá es un animal negro que va de largo por las alcobas blancas (2017) y La destrucción del padre (2019). Lo que hace Esther M. García en este libro, que celebro emprenda una nueva deriva hacia sus lectoras y lectores mediante esta segunda edición, es configurar la cara y el envés, el anverso y el reverso de los registros, las capas y las tesituras hacia donde apuntan las agujas imantadas que son el breviario de mujeres que habitan entornos familiares, laborales, socioeconómicos, geográficos y amorosos que van de lo hostil a lo feroz. Enmarcadas en estos contextos, las mujeres de García son el dorso de sí mismas: yo soy yo y mi otro yo, parecen decirnos los lirios muertos que les crecen lentamente en el corazón o las cuchillas de sus labios y las hachas de sus lenguas. Si todo es filo aquí, el tajo se encuentra en una enunciación del hacer de este compendio femenino. Serán los verbos mirar, degollar, cuidar, amar, dar los que delimiten a estas mujeres que son el abismo de otra cosa, que rehúyen de la soledad con los bordes de sus dientes, que se convierten en las mejores versiones de sí mismas, que se atisban en los espejos como si mirase[n] un animal de cuerpo extraño y destruyen todo lo que tocan. Será también la mujer-madre, la embarazada solitaria la que hable el lenguaje de las barcas en la niebla; la que si casa, rincón, si mueble, olvido; la que haga que al poema se le hinchen los pies, mientras ella se masturba y permite que la devoren pequeños pájaros rapaces. ¿Qué cosa es una familia? ¿Un animal de muchas cabezas? Se pregunta la poeta coahuilense en Mamá es un animal negro. En Bitácora de mujeres extrañas la familia es el cuchillo más afilado: días de campo, sexo, palabras de amor y golpes. García ahonda, en este retablo de violencias familiares, en la estructura patriarcal y del amor romántico por antonomasia. Padre y madre son, respectivamente, cuarto-ave-graznido oscurísimo y árbol callado que muere de pie, matrioshka que contiene y descontiene, corteza pi-coteada. El progenitor, cuyo cadáver será res hinchada y azulverdosa destazada en la mesa de disecciones ecfrásticas que plantea La destrucción del padre, es en este poemario gran camarón, roja langosta, víbora negrísima cuyo hacer se describe en los verbos golpear, abofetear, azotar. La figura materna es espina, muerde y mastica […] con sus rabiosas palabras. La descendencia de ambos: un yo-animal que deviene monstruo: ciervo disecado, ballena varada, vaca de hule, pájaro amarillo muerto. La poesía vino como un revólver a reventarme el cráneo con sus balabras, escribe Esther M. García. La poesía ha colapsado y la ciudad es el escenario de la huida. Una ciudad que aparece vacía, en ruinas o desierta a lo largo de todo el poemario. Así, mediante una brújula-bitácora que hace navegar este volumen hacia los márgenes de los precipicios y los límites del decir, García construye una poética que irrumpe, que rasga, que fractura, que nos mantiene a flote, sólo para hacernos naufragar en las escarpadas profundidades de sus hendiduras. SARA URIBE